Llueve.

Llueve. Salís al balcón. ¿Me espiás? Yo a veces te espío. ¿Cuál será la distancia máxima para espiar? ¿Se puede espiar sin mirar? ¿Te dan miedo los truenos? ¿Extrañás? ¿Me extrañás? ¿Viste ese relámpago? Quizás sirven de noche. No me anda la luz del balcón. Igual después viene el trueno. ¿Te asustan? ¿Te asusto? ¿Te asusto yo o te asusta el amor? ¿Te asusta el amor o el amor para siempre? ¿Existe algo que sea para siempre? Se me vuela el tender. ¿A vos te vuelan los pensamientos? ¿Volás? ¿Volamos? El trueno. En algunos balcones cortando el silencio incómodo, en otro regalando abrazos improvisados. ¿Nos abrazamos? Improvisemos. Llueve.


Javier en cuarentena #1

¿Mirarás la lluvia o me mirarás a mi?
Porque los días de sol también me mirás.
¿Por qué te quedan mucho mejor los shorts azul marino que los celestes?
¿Tendrás el freezer lleno de comida de tu tía Olga?
¿Tendrás una tía Olga? ¿Se juntarán todos para Navidad o solo la ves para su cumpleaños?
¿Serás del interior? 
¿Nos cruzaremos en el chino? ¿Nos reconoceremos afuera del balcón?
¿Por qué no aplaudís a las 9? Me lo pregunto todas las noches.
¿Tu viejo será médico? ¿Te habrá cagado la vida?
¿O será músico? Y por eso te quedás escuchando el show de saxo de Alejandro.
Quizás desde allá ni lo escuchás, pero toca bien.
¿El mate de las 7 es amargo?
¿Por qué no tenés plantas en el balcón? ¿Por lo mismo que yo?
Perdón, te estoy tuteando.
Odio como te joden los del laburo, todo el día hablando por teléfono.
¿Trabajarás en un call center o te anotaste en el sitio de la ciudad para hablar con los abuelos que no tienen nietos? ¿Habrás conocido a tus abuelos? Yo a los varones no, creo que me hubiera gustado tener un abuelo.
Sé que los dos salieron en el diario. Algún día te voy a mostrar las notas.
(Algún día te voy a…)

Javier (el regreso)

Cuando estaba con el me gustaba hasta el helado de menta granizada.

Pero el hechizo se rompe.
Internet se corta.
Y si los colectiveros pueden hacer paro
mi corazón también.

(Esa noche se pidió un kilo de súper dulce de leche y chocolate con almendras)

Transar.

Te robé un beso.
Como se roba un mate en una ronda distraída.
No entendiste.
No expliqué.
Pero abajo del sol que rebotaba en el andén de La Paternal nos convertimos en dos delincuentes preadolescentes.

Espuma, Javier y algún día.

Yo solo quería batirte el café cuando viejos.


(Lo único que no me animé a decirle a Javier, todavía)

Javier se fue.

Las luces del barrio se iban apagando de a poco. Desde el piso 8 de un monoambiente, ella, con algo de maquillaje corrido en la cara se fundía con su pijama, que lejos estaba de hacerle honor a su nombre. La ventana entreabierta de una noche que adelantaba el verano dejó escuchar "el amor se fue" de un auto que seguramente fuera rojo y pasó en el momento preciso y a la velocidad estipulada por el destino.
La frase de la vieja canción retumbó algunos minutos en su cabeza, como si algo más se hubiera ido en esos segundos en los que las ruedas giraron por el empedrado que sobrevivía metros abajo.
La soledad se desveló. 
Los pensamientos se volvieron decisiones.
Los sentimientos se compenetraron, explotaron, se hicieron más fuertes, como si la oscuridad tuviera un dominio absoluto sobre ellos y los hiciera crecer de manera exponencial, con cada nuevo ronquido de la ciudad.
Un suspiro. Un desvelo. Una lagrima. 
Era inevitable retroceder y volver a escuchar cada una de sus conversaciones, como si fueran una nueva serie de Netflix.
Amar y odiar al protagonista.
Atento e insensible. Inteligente y mentiroso.
Ese auto rojo había terminado, sin saberlo, con la serie del momento.
Cerró el libro que ya no leía. Y dejó 4 capítulos sin leer. 
No le gustaba dejarlos así, pero menos le gustaban las historias sin besos. Los besos sin noches. Y las noches sin Javier.

Javier Stout

Quizás, esa era la diferencia con la gente común. Con esos que sonríen cuando les toca el algodón de azúcar más grande. Más dulce. Corriente y empalagoso. Yo sonreía cuando Javier era stout. 

Javier XLI

No era la primera vez que iba a ver a su banda.
(Ni sería la última)

No era la primera vez que chocaban sus ojos cielo primaveral con una mirada que había perdido la inocencia.
(Ni expirarían esos encuentros)

No era la primera vez que un desconocido se equivocaba suponiendo que eran más de lo que eran.
(Ni sería la última en la que un conocido volviera a darse cuenta de todo)


No eran el uno para el otro.
(Ni serían uno sin el otro.)

Javier XL

A veces es un instante.
Una palabra.
O una mirada.
Esa noche bastó volver a encontrarse para que Nicolás se transforme en Javier.
En un instante. Una palabra. Y una mirada. 

Javier (pensó)

Y una noche cualquiera su cabeza decidió que su corazón sienta.
Y los imaginó entrelazando sus dedos arrugados por el tiempo.
Y los recordó abrazados, observando un horizonte tibio de verano.
Y los sintió queriendo tocarse, sin alcanzar a rozar la sombra de la que se sabían enamorados. 

Javier y el cuco

"La gente le tiene miedo a lo que no entiende", como Javier. 

(Por culpa de Javier)

Los ojos nunca pierden la memoria.
Y el corazón a veces la quiere perder. 

Javier XXXIX

Una tarde del verano de 2064 se encontraron en la vieja plaza del barrio.
Ella perseguía a su nieto que hacía girar las ruedas de un triciclo antiguo a toda velocidad. Él observaba con atención como los pelos de su nieta volaban al caer por el tobogán más alto.
Sus miradas se reconocieron en el microsegundo que se cruzaron, como si hubieran sido grandes amigos de la infancia, como si se hubieran mirado intensamente durante años, como si los kilómetros compartidos nunca hubiesen permitido que se distancie el corazón. 
Con sus nietos mirándose desde atrás de sus piernas, confesó estar arrepentido por no haberlo hecho décadas atrás. Ella lo miró en silencio; hubiera preferido arrepentirse hacía 48 años.

Javier XXXVIII

Le faltó Pepsi, pensó. 
Abrazó su almohada y se durmió. 

Javier XXXVI

Años después, descubrió que había sido aquel verano cuando se enamoró por primera vez. 
Profundo y efímero. 
Como un estío de 365 días. 

Javier sin dulce de leche

Le faltó flan a ese amor.
De ese que batían las abuelas. 

Probablemente Javier.

Probablemente.
Jugando a las escondidas.
Probablemente.
Cante pica para todos mis compas.
Probablemente.
No te busque.
Probablemente.
Te encuentre.
Probablemente.
Acá.


A Javier, que me observa desde su escondite sin agallas para picar.


Javier en vísperas de feriado

Destapó una cerveza. 
Se sentó en el sillón. 
Agarró el control remoto y apagó el televisor.
En su corazón estaba por jugarse la final más esperada de los últimos tiempos. 
Tomó un sorbo y sintió. 

Javier XXXV

Corrió ese tren, como si en él se le escapara el amor de su vida.
Esa mañana no había tomado su café.